Paz y Armonía con la Madre Tierra

 

La violencia ambiental es otra forma de violencia

Aunque desde hace más de cincuenta años se festeja el 22 de abril como el Día Internacional de la Tierra, por su controversia con otras celebraciones como el Día Mundial de la Naturaleza (3 de marzo) o el Día Mundial del Medio Ambiente (5 de junio), en resolución aprobada por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el 22 de abril de 2009 se proclamó la designación de esta fecha como el Día Internacional de la Madre Tierra.

Y así nos lo reafirma la ONU: “El Día de la Madre Tierra nos recuerda la urgente necesidad de intensificar la lucha contra el crimen a la fauna, al planeta y más aún a los humanos, ya que tiene amplias repercusiones económicas, medioambientales, de salud y sociales”.

De esta forma se reconoce no solo que la Tierra y sus ecosistemas son nuestro hogar, sino también que Madre Tierra es una expresión común utilizada para referirse al planeta Tierra en diversas culturas, como es el caso de la Pachamama en las culturas quechua y aymara o Ñuke Mapu en la cultura mapuche o con diferentes denominaciones en los distintos pueblos originarios norteamericanos.

Pueblos aborígenes de muchas partes del mundo con un profundo respeto por la naturaleza, le asignan derechos a la Madre Tierra. Desde su visión, todo en la Tierra y en el cosmos tiene vida, en donde los humanos no son superiores a otros seres, como las plantas, los animales y las montañas. Los seres humanos están interconectados con todos los otros elementos no humanos de la comunidad de la Tierra, donde no existe una división entre seres vivos y seres inertes porque todo tiene vida, incluyendo los cerros, los ríos, el aire, las rocas, los glaciares y los océanos. Todos son parte de un organismo vivo más grande que es la Madre Tierra que, a su vez, interactúa con el sol y el cosmos.

De manera formal, se han reconocido los derechos de la naturaleza y de la Madre Tierra en las constituciones de Ecuador y Bolivia, en 2008 y 2010, respectivamente. En ese año, en Cochabamba, Bolivia, se realizó la “Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra” adonde se redactó y aprobó el “Proyecto de Declaración Universal sobre los Derechos de la Madre Tierra” que afirma “que todos somos parte de la Madre Tierra, una comunidad indivisible vital de seres interdependientes e interrelacionados con un destino común” y que “en una comunidad de vida interdependiente no es posible reconocer derechos solamente a los seres humanos, sin provocar un desequilibrio en la Madre Tierra”. Así mismo, el proyecto de Declaración Universal sostiene que “para garantizar los derechos humanos es necesario reconocer y defender los derechos de la Madre Tierra y de todos los seres que la componen”.

Los derechos específicos que son reconocidos para toda la Madre Tierra y “todos los seres que la componen” son los derechos a la vida y a existir; a ser respetada; a la regeneración de su biocapacidad y a la continuación de sus ciclos y procesos vitales, a mantener su identidad e integridad como seres diferenciados, auto-regulados e interrelacionados; al agua; al aire limpio; a la salud integral; a estar libre de contaminación, polución y desechos tóxicos o radioactivos; a no ser alterada genéticamente y modificada en su estructura; y a una restauración plena y pronta.

La Declaración Universal sobre los Derechos de la Madre Tierra fue, textualmente, incorporada y aprobada como Ley 71 del Estado Plurinacional de Bolivia a finales de 2010 y simultáneamente fue presentada a las Naciones Unidas y a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

Muchas iniciativas se han desarrollado en el mundo y el avance del derecho internacional ambiental ha sido variado, debiendo diferenciarse entre tratados, acuerdos y convenios internacionales suscritos y ratificados por los Estados (que una vez aprobados se incorporan a sus sistemas jurídicos), con declaratorias, principios, cartas, etc., que son meras fórmulas o expresiones de buena voluntad que manifiestan los buenos deseos de las partes, que carecen de obligatoriedad y se limitan a trazar un plan de acción futuro para un posible desarrollo normativo del sector del medio ambiente. En todo el mundo se continúan aumentando los desequilibrios ecológicos en aras de un crecimiento irracional afectando al medio ambiente y los derechos de los seres humanos a un medio ambiente sano.

Para las y los humanistas organizar la acción colectiva contra la crisis climática y ambiental implica denunciar a los promotores de la catástrofe, muchos los máximos exponentes del antihumanismo, a saber: el gran capital y la cadena de industrias y empresas destructivas, parientes próximas del complejo militar-industrial, muchas de ellas disfrazadas de megacorporaciones tecnológicas “neutras” ante la polución, pero que tampoco aportan a los grandes problemas de la ecología social como son el hambre, el hacinamiento, la mortinatalidad, las enfermedades y los déficits sanitarios y habitacionales en muchas partes del mundo.

A diferencia con el humanismo antropocéntrico y con el humanismo  teocéntrico, el nuevo humanismo “considera a la naturaleza no como un medio pasivo sino como fuerza actuante en interacción con el fenómeno humano. Por consiguiente, el impulso por las mejoras individuales y sociales debe tener en cuenta el impacto humano sobre la naturaleza, cosa que impone limitaciones no solamente morales, sino que debe reflejarse en el sistema legal y en la planificación ecológica”[1]. Así, aunque parte desde la posición central del ser humano, no le asigna un dominio o derecho irrestricto sobre la naturaleza, ni lo recibe de un poder divino.

Las y los humanistas trabajan permanentemente por la promoción y el respeto a los derechos humanos, incluido el derecho a un medio ambiente sano, seguro, y sostenible. Saben que la contradicción principal nunca ha sido entre los derechos humanos y la protección del medio ambiente, sino entre el uso sostenible de los recursos naturales y los derechos de propiedad, que están concentrados principalmente en una pequeña fracción de la humanidad.

Las y los humanistas son conscientes del daño que genera a la naturaleza la propiedad privada sobre elementos existentes mucho antes que la especie humana. El agua, la tierra, solo pueden ser bienes de uso para cubrir necesidades indispensables para la vida. Lamentablemente esto no ocurre en la relación jurídica dominante entre los seres humanos y la naturaleza que es a través de la categoría de propiedad privada.

Mucho antes de que se reconocieran los derechos humanos, ya se habían establecido los derechos de propiedad sobre la tierra,  animales, máquinas, herramientas e incluso otros seres humanos, las cuales podían ser vendidas, prestadas, donadas, divididas, hipotecadas y hasta heredadas.

Para que exista una propiedad, el objeto de la posesión tiene que ser identificado como una “cosa” sin ningún tipo de derecho, o en todo caso, tiene que tener menos derechos que su propietario. Incluso en la antigua Grecia no era aceptable la propiedad entre ciudadanos con igualdad de derechos. Para convertir a otro ser humano en objeto de propiedad tuvo que haber nacido esclavo o ser despojado de sus derechos a través de la guerra y la conquista.

La propiedad fragmenta la naturaleza en recursos o bienes que en realidad nunca están disociados como es el bosque del suelo, las aguas subterráneas de la biodiversidad, la tierra de los minerales.

El Partido Humanista Internacional promueve el desarrollo de un nuevo marco jurídico legal que supere, redefina y limite el concepto de propiedad superando la lógica del capital.

Avanzar en la construcción de la Sociedad Humana Universal implica también la armonía con la naturaleza y recuperar el equilibrio del planeta

Las y los humanistas somos no violentos y toda forma de violencia merced a las cuales se ha trabado el progreso humano nos repugnan y son motivo de denuncia. Evidentemente el irrespeto al medio ambiente y la producción y extracción sin medida de los recursos naturales, son violencia ambiental que afectan a toda la humanidad además de a la vida en el planeta, pero especialmente discriminan a los pueblos y personas más indefensos y que más requieren de la solidaridad y apoyo de los demás.

Equipo de Coordinación Internacional
Federación de Partidos Humanistas

22 de abril de 2021.

 

[1] Diccionario del Nuevo Humanismo (1997), Humanismo Antropocéntrico.

 
 
 
 
 
 
 
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